Soñadora

He aquí un un relato escrito por Inés Canals Pou, alumna del colegio Canigó de Barcelona, con el que ha sido distinguida por el certamen Excelencia Literaria. No tiene desperdicio.

Sus ojos color miel observan a la antigua muñeca de trapo con ese instinto maternal que caracteriza a las niñas. Su mirada, limpia de los rencores y mentiras de los adultos, hace que su rostro adquiera un gesto serio y hasta responsable. Alarga la mano y le coloca dos mechones tiesos sobre el cogote y sonríe meneando la cabeza. Quién sabe lo que estará pensando. Quizás recuerda alguna travesura que hicieron juntas o quizás no esté pensando en nada. Aún así, esa sonrisa que ha despertado en sus labios le da un toque de picardía y resalta sus rasgos infantiles: los labios finos y traviesos, los ojos curiosos, las pestañas alargadas y oscuras, la tez blanca con un leve tono rojizo en las mejillas... Todo ello revela una infancia feliz, como la de la mayoría de los niños: sólo ellos son capaces de hacer de un trozo de cartón un mundo nuevo.

Acomoda la almohada sobre el mullido somier y se tumba, dejando que sus bucles castaños descansen sobre las sábanas. Cierra los ojos y dirige un murmullo placentero de buenas noches a su pequeña amiga de trapo, que parece sonreír a su compañera de juegos y confidencias.

Todavía sueña con Peter Pan y se imagina el mundo que se esconde tras la ventana. Tal vez grandes bosques, lustrosos animales, sirenas, magos e, incluso, algún príncipe. Tal vez sus sueños se hagan realidad. Pero no, eso solo sucede en los cuentos de hadas. Del exterior solo le llegan las luces intermitentes de los coches, combinadas con los ruidos de la noche. Y en sus ojos esas luces tiemblan y se convierten en pequeños puntos de colores que bailan por la habitación al son de una música imaginaria. Y los ruidos se vuelven mudos para la pequeña, que sonríe meciendo la mano, como dirigiendo una orquesta figurada que sólo presencian los peluches que colman las estanterías.

La oscuridad juega con las sombras del piano. Tal vez intenten augurar el futuro triunfo de la niña como directora de orquesta o como pianista, hecho que corrobora la suavidad de sus manos y la finura de sus dedos.

Ahora, silencio. Ya duerme. No vayamos a despertarla.

14/03/2007 19:08

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